


Indicador
Prevalencia de nivel educativo máximo alcanzado de estudios medios o inferiores
Qué es
La frecuencia relativa medida en porcentaje de las personas que en nuestra Comunidad declaran que el nivel máximo de estudios alcanzado ha sido de estudios medios o inferiores.
Motivos de inclusión
El nivel de estudios máximo alcanzado es un gran predictor de morbilidad y mortalidad futura, dado que las personas con estudios más bajos presentan resultados de salud inferiores así como estilos de vida y conductas de salud menos saludables que las personas con estudios más altos. Este gran predictor a su vez está asociado a variables como la edad y el rol ocupado en nuestras sociedad ligado a la clase social a la se podría asignar la persona.
La relación entre un nivel educativo más alto y mejores resultados en salud es bien sabida, a pesar de que los motivos de esta correlación están menos determinados. [1]
Varias teorías intentan explicar cómo la educación afecta a los resultados en salud. En principio, un nivel educativo más alto implica de promedio unos mayores ingresos y recursos que un trabajo que no requiere un alto nivel educativo.[2,3]
El entorno del mercado de trabajo también se cree que contribuye a los resultados de salud. Las personas con menor nivel educativo tienen más probabilidades de verse afectados por las variaciones en el mercado laboral. Las tasas de desempleo son más elevadas para las personas sin un diploma de escuela secundaria (7%) en comparación con los graduados universitarios (2%). [4] La evidencia demuestra que la población desocupada experimenta peor salud y mayores tasas de mortalidad que la población ocupada. [3,5]
Así mismo, el nivel de conocimiento de aspectos relacionados con la salud puede ayudar a explicar comportamientos individuales y estilos de vida saludables.[3] Hay una notable diferencia del nivel de conocimiento de aspectos relacionados con la salud según el nivel educativo alcanzado. Sólo el 3% de los graduados universitarios no conocen aspectos básicos de la salud, mientras que el 15% de los graduados de secundaria y el 49% de los adultos que no han terminado la escuela secundaria carecen del conocimiento de esos aspectos básicos. [3,6] Los adultos con ese menor conocimiento son más propensos a reportar su estado de salud precario. [3]
Pero el nivel educativo no afecta sólo al estado de salud individual, sino que además puede tener consecuencias multigeneracionales, por lo que convierten a este indicador en una medida importante para la salud de las generaciones futuras [2,3] Existen evidencias que relacionan el nivel educativo de la madre con la salud de sus hijos [2].
El nivel educativo de los padres afecta a la salud de sus hijos directamente a través de los recursos disponibles, e indirectamente a través de la calidad de las escuelas a las que los niños asisten[3].
También existen estudios que evalúan distintos aspectos relacionados con el nivel educativo en un intento de distinguir qué factor juega el papel más significativo en la salud de la población. [6] El número de años de educación formal fue el factor con una correlación positiva más fuerte con el estado de salud y se piensa que puede estar relacionado con el tipo de trabajo y las oportunidades económicas que se derivan de más años de educación, los recursos psicológicos a disposición de los individuos más educados, y un estilo de vida más saludable. [6]
Una limitación puede ser la falta de conocimiento en torno a los efectos educativos sobre la salud, y el argumento de que no sabemos si el efecto de la educación sobre la salud es causal. [2] Por ejemplo, puede haber factores externos que afectan tanto al nivel de salud y al nivel educativo, haciendo que parezcan tener una relación causal cuando en realidad no existe. [2] Además, hay muchos resultados contradictorios sobre el efecto de la edad en la correlación entre educación y salud. Algunos estudios han encontrado que dicha relación se debilita con la edad. [7,8] Además en poblaciones envejecidas con nivel educativo bajo, las posibilidades de cambiar esta situación a corto plazo son muy escasas.
Por último, el nivel educativo puede tener efectos diferentes en las personas según su género y nivel educativo alcanzado. Por ejemplo, a mayor nivel educativo se reduce el riesgo para la obesidad y la depresión en las mujeres, mientras que disminuye la mortalidad prematura y el comportamiento de consumo excesivo de alcohol entre los hombres. [2]
Descripción
Se contabiliza en porcentaje la población que refiere que sus nivel máximo de estudios se le pregunta específicamente por este hábito en la Encuesta de Salud (encuesta de salud mediante entrevista domiciliaria en personas adultas) es el de estudios medios o inferior. (Contestación a la pregunta: ¿Cuáles son los estudios más altos que ha terminado Indicador: número de personas cuyo nivel de estudios máximo alcanzado es el de medios o inferior*100/ número total de personas respondiendo a la pregunta.
Fuente
Encuesta de Salud para Asturias‐2008. Consejería de Salud y Servicios Sanitarios, 2008. Informe final y en su página web (www.asturias.es_> Cuidar tu salud‐> Encuestas epidemiológicas) para el total de población adulta (16 y más años de edad).
Período de tiempo utilizado
2008
Periodicidad
Cada 4‐5 años
Unidades geográficas
49 unidades geográficas, con agrupación natural de varios concejos (veáse reseña). Se aplica a cada concejo el valor de la unidad. Se han seleccionado para el valor del concejo el propio de las personas residentes en el mismo cuando han tenido 50 ó más entrevistas en la Encuesta. En caso contrario, se le asigna el valor del Área sanitaria de residencia. Se calcula el indicador para cada unidad ponderando el valor de cada concejo en función del peso total del mismo en la unidad geográfica, con la aplicación de la siguiente fórmula:
indicador de la unidad= (Σ(indicador* población concejo/población unidad))
Referencias bibliográficas
[1] Cowell AJ. The relationship between education and health behavior: Some empirical evidence. Health Econ. 2006;15:125-146.
[2] Cutler D, Lleras-Muney A. Education and Health: Evaluating Theories and Evidence. Cambridge, MA: National Bureau of Economic Research;2006. Working Paper Series, no. 12352.
[3] Egerter S, Braveman P, Sadegh-Nobari T, Grossman-Kahn R, Dekker M. Education Matters for Health. Princeton, NJ: RWJF Commission to Build a Healthier America; 2009. Issue Brief 6.
[4] Pizer SD, Frakt AB, Iezzoni LI. Uninsured adults with chronic conditions or disabilities: Gaps in public insurance programs. Health Aff.2009;28:w1141-w1150.
[5] Bartley M, Plewis I. Accumulated labour market disadvantage and limiting long-term illness: Data from the 1971-1991 Office for National Statistics’ Longitudinal Study. Int J Epidemiol. 2002;31:336-341.
[6] Kutner M, Greenberg E, Jin Y, Paulsen C. The Health Literacy of America’s Adults: Results from the 2003 National Assessment of Adult Literacy. Washington, DC: National Center for Education, U.S. Department of Education; 2006.NCES 2006-483.
